No creas todo lo que lees, y por ningún motivo dejes de creer. No pierdas la capacidad de asombro, pero deja de asombrarte por todo

miércoles, 13 de marzo de 2013

Proyecto Kon©2013 Capítulo I


El joven artesano venía recién llegando a la feria artesanal para abrir su puesto y empezar a vender sus productos. Su pálida tez y brillantes ojos azules estaban enmarcados en un oscuro y grueso cabello negro, debido a la mezcla entre su padre de origen aymara y su madre, una turista francesa que decidió quedarse a vivir en el norte de Chile, enamorada del paisaje y del menudo hombre que conquistó su corazón. El muchacho destacaba dentro del grupo de artesanos, aparte de su piel y ojos, por su elevada estatura, varios centímetros por sobre el resto de sus colegas; así, su presencia o ausencia jamás pasaban desapercibidas. El muchacho se había quedado dormido tarde la noche anterior, luego de asistir junto a algunas turistas a una fiesta de playa organizada por una bebida energética, que poco le había ayudado para mantenerse sin sueño durante la madrugada, ni menos para amanecer con energía a la mañana siguiente, así que había despertado más tarde que de costumbre, por lo que esperaba ser el último en abrir puesto esa mañana de verano; sin embargo cuando llegó, la feria estaba aún vacía. De inmediato y sin darle más vueltas al asunto, el joven empezó a buscar en su bolso las llaves para abrir los candados, acomodar sus productos e iniciar las ventas, cuando de pronto un agudo dolor en su nuca lo derribó y le hizo perder la conciencia.

Lentamente el joven empezó a recuperar el conocimiento, en medio de un dolor de cabeza y un mareo insoportables, sólo comparables con sus primeras experiencias con el peyote, droga alucinógena extraída de ciertos cactus de la zona desértica de México, donde había viajado un par de años antes. Estaba en un lugar demasiado iluminado, lo que le impedía reconocer el sitio. Sus ojos intentaban infructuosamente adaptarse para poder ver algo: cada vez que parecía distinguir alguna sombra, la luminosidad parecía aumentar, llegando a ser doloroso mantenerlos abiertos. El joven intentó taparse los ojos con las manos pues sus párpados parecían ser traspasados por la potente luz; en ese instante descubrió que estaba amarrado, como crucificado sobre una especie de camilla. De pronto algo oscuro pareció bloquear por un instante la luz que lo enceguecía, para luego posarse sobre su boca y empezar a aturdirlo lenta y placenteramente en esta ocasión.

Un fuerte y doloroso golpe de su cuerpo contra una superficie metálica despertó al artesano mestizo. El joven estaba ahora en un sitio pequeño y oscuro que se movía para un lado y otro, y que parecía rebotar cada cierto tiempo; luego de escuchar el ruidoso sonido de un motor de fondo, entendió que se encontraba en la parte de atrás de algún vehículo similar a un camión blindado de transporte de valores, o a una suerte de ambulancia algo bizarra. El joven estaba retenido por gruesas correas de cuero atadas a muñecas y tobillos, y que estaban fijadas por medio de cadenas a la superficie metálica en que estaba recostado, y que parecía hacer las veces de camilla; iba vestido con ropa que parecía sacada de un pabellón de cirugía, y en su cuello había un paño que lo envolvía y que aparentemente estaba amarrado en su nuca. El lugar estaba extremadamente frío, y si no fuera porque sabía que estaban en enero y a poca distancia del desierto de Atacama, podría haber jurado que estaba lloviendo torrencialmente en el exterior. De pronto el vehículo se detuvo, y algunos segundos después las puertas traseras se abrieron: rápidamente un par de hombres con pasamontañas entraron, le soltaron las ataduras y lo bajaron en andas, sin que pudiera siquiera intentar oponer resistencia. Cuando lo sacaron al exterior, una fuerte lluvia empezó a empapar su delgada vestimenta, sin que ello pareciera preocupar a sus captores, quienes estaban bastante abrigados, y que caminaban aceleradamente con él a cuestas, casi como si no pesara nada. Un par de minutos después, y cuando ya no quedaba lugar seco en su cuerpo, llegaron a una extraña plataforma de madera en medio de esa nada lluviosa.

El joven artesano estaba confundido. No sabía dónde estaba ni cómo había llegado ahí, y tampoco era capaz de comprender qué era lo que estaba sucediendo. La plataforma de madera estaba colocada sobre unos pilotes del mismo material, como de un metro y medio de altura. Al centro de la plataforma, por debajo, parecía haber una gran cantidad de cables que se metían a las entrañas de la tierra, o tal vez salían desde ella; sobre su superficie, varios focos apuntando hacia la periferia dificultaban la visión, hasta que lo subieron por medio de una pequeña escalinata y pasó la línea de luces, donde por fin pudo ver algo que definitivamente hubiera preferido jamás haber visto.

Al centro de la plataforma, justo por encima de los cables que salían o entraban a la tierra, había una especie de computador o servidor de grandes dimensiones, de al menos ocho o diez veces el tamaño de un computador de escritorio normal. De él salían varios paquetes de cables que se distribuían hacia sillas dispuestas con sus respaldos hacia el servidor, que en sus apoya brazos y patas delanteras tenían fijadas sendas ataduras de cuero similares a las del vehículo, y que en cada apoya cabezas parecían tener una especie de enchufe desconocido para él. Las sillas estaban vacías, y todas tenían en sus respaldos signos representativos de distintas etnias autóctonas distribuidas en el territorio chileno. Antes de ser desnudado y sentado a la fuerza en el sitial con simbología aymara, el muchacho alcanzó a ver que tras la suya había una silla más pequeña que las otras, ocupada por alguien que parecía un enano y que no emitía palabra alguna. Acto seguido el joven fue atado de manos y pies, luego de lo cual una madura mujer de poco agraciado rostro y peor expresión se paró delante de él, le sacó el paño que envolvía su cuello, y empujó violentamente su cabeza contra la silla, quedando de inmediato conectado al enchufe del apoya cabezas por medio de la conexión que habían colocado en la base de su cráneo un par de días antes en el pabellón quirúrgico, donde había despertado temporalmente. La mujer, sin preocuparse del gemido que emitió el joven, ni de las convulsiones que sufrió durante algunos segundos antes de quedar paralizado, miró hacia el ser en penumbras y dijo con voz satisfecha:

–Llave uno, en su lugar y activada.

Etiquetas: ,

domingo, 7 de octubre de 2012

Meditación

-¿Qué haces?
-Medito.
-Ah… ¿y para qué?
-Para alcanzar la iluminación.
-¿Y qué es eso?
-El estado de total abandono de la mente.
-Ah… ¿y de qué sirve?
-Me sirve para comprender el sentido de la vida.
-¿Y para qué?
-Para adquirir un conocimiento que pocos tienen, y que se acerca a la sabiduría.
-Ya… entonces meditas, alcanzas la iluminación, entiendes el sentido de la vida, te conviertes en sabio, ¿y?
-Eso.
-¿Eso? ¿Te lo guardas? ¿Y a quién le sirve guardado?
-Es que cada cual debe alcanzar…
-Oye, ¿cuando meditas respiras?
-Muy lento pero sí, sino moriría.
-Viejo, ¿ese del suelo no es tu cuerpo…?

Etiquetas:

lunes, 10 de septiembre de 2012

Última

-¿Qué haces? 
-Oigo cantar las almas por última vez. 
-¿Y ahora? 
-Miro la luz divina por última vez. 
-Ah… ¿y ahora? 
-Huelo el espacio infinito por última vez. 
-¿Y qué más? 
-Siento el bien a mi alrededor por última vez. 
-¿Y ahora? 
-Grito sin molestar a nadie por última vez. 
-¿Falta algo? 
-Sonreír desde mí y para mí por última vez. 
-¿Estás listo? 
-Sí, estoy listo. 
-Bien, llegó la hora de nacer por última vez.

Etiquetas:

sábado, 25 de agosto de 2012

Décimo

El viejo hombre seguía sentado en el banco de la plaza, mientras la vida seguía a su alrededor. Un perro se acercó a olerlo y se alejó, un par de palomas comieron algunas migas que quedaban en el piso bajo él, un basurero vació el contenedor de esa esquina, un ladrón corría perseguido por dos policías. Pero la vida parecía no importar para él; luego de sesenta y tres años en el planeta se había dado cuenta de su intrascendencia, por lo que decidió dejarse estar hasta que el destino dijera que era el tiempo. De eso ya habían pasado siete años, en los cuales no había hecho nada más que pensar sin encontrar respuestas a los nueve ciclos previos de siete años que había vivido.

Su apariencia no pasaba inadvertida: no era frecuente ver a un viejo sentado en la plaza con un terno de esa calidad. Al parecer le había ido bien y ahora estaba cosechando su siembra de joven. Y pese a no sonreír no parecía triste ni enojado, sino meditabundo. Algunos decían que era un sabio, que ya casi llevaba siete años meditando en esa plaza.

El viejo hombre seguía sentado en el banco de la plaza. De pronto su semblante cambió: había descubierto su modo de trascender. Esos siete años pensando (que justo se cumplían ese día) podían serle útiles a alguien más. Sí, escribiría, grabaría o filmaría toda su sabiduría alcanzada en ese tiempo. Mas justo al decidir, la inmortalidad le dijo a su corazón que el tiempo había llegado. Quienes encontraron su cadáver en la plaza contaban que en su cara había una mezcla de alegría y frustración.

Etiquetas: ,

jueves, 2 de agosto de 2012

Estrella

Su cancino caminar era reflejo del duro día que vivió. Intentó carroñear alguna presa muerta por la cacería de un tigre dientes de sable; se apareó con una hembra de la especie, debiendo escapar antes que su tribu lo descubriera; en el camino a su caverna otro macho lo atacó por sorpresa y le robó la carroña que había conseguido. Cuando entró a la oscura cueva iluminada sólo por un fogón, su hembra y sus crías lo miraron con desdén. Simplemente botó sus implementos de caza, y se sentó a la entrada a contemplar las estrellas...
Su cancino caminar era el reflejo del duro día que vivió. Intentó quitarle un cuentacorrentista a un ejecutivo que recién había captado; tuvo una aventura con una amante incidental, debiendo escapar antes que su familia lo descubriera; en el camino a su departamento fue asaltado por un avezado lanza. Cuando entró al iluminado living, su esposa y sus hijos lo miraron con desdén. Simplemente botó el maletín y el celular, y se sentó en la terraza a contemplar las estrellas...
Separados por un millón de años, ambos hombres contemplan la misma estrella. Su luminosidad era notoria, casi mayor que la de la luna. En un instante y bruscamente, su brillo se opacó, al igual que los ojos de los hombres...
El cavernícola entró al departamento, y mientras la hembra y sus crías dormían, las asfixió una a una con sus almohadas.
El hombre de negocios entró a la caverna, y mientras la mujer y sus hijos dormían, los estranguló uno a uno con una tripa de animal trenzada.
El cavernícola no sabía de negocios, pero encontró en su habilidad para cazar las herramientas para captar clientes y seguir funcionando un millón de años después.
El hombre de negocios no sabía cazar, pero basado en los negocios pudo hacer estrategias para sobrevivir un millón de años antes.
Diez años después, el nuevo negociante y el nuevo cazador contemplaban nuevamente la estrella... y en un abrir y cerrar de ojos quien fuera negociante volvió a sus negocios, y quien fuera cazador retornó a la cacería, pero ambos habían olvidado sus orígenes. Poco antes que el cazador fuera cazado por su presa, y el negociante encarcelado por fraude, la estrella los recogió: dado que ninguno aprendió su lección, habrían de partir de cero, pero ahora a diez millones de años uno del otro...

Etiquetas:

martes, 17 de julio de 2012

El paso siguiente

Miro hacia el horizonte de mi mente, allá donde deberían aparecer todas las cosas que han de venir en mi mañana, donde apuntan las esperanzas cifradas hoy con los códigos que la vida enseña; allá donde convergen las miradas de todos aquellos que me acompañan en este viaje; allá donde debe estar ese presente preciado llamado hoy futuro. Concentro mi vista al máximo para tratar de avizorar algo, de antelarme a esos hechos... y lo que mi vista aprecia... nada.

No es que no vea, que no pueda o no quiera ver, o que mis ojos estén nublados o mi vista obnubilada. Veo el entorno: las ideas vagando a mi alrededor, buscando anclarse al piso para ser llevadas a cabo; los sentimientos combatiendo entre sí para primar; la razón intentando educar a la fe; las pulsiones e instintos ocultos en aquella vieja caverna que se aprecia a lo lejos, en un rincón; el conciente intentando despertar al subconsciente para obtener sus secretos y poder comprenderse... veo también el horizonte, el límite de mi mente con la eternidad y la grandeza y no se ve... nada.

Tranquilo, debe haber un error, algo que me impide ver, tal vez no deba saber; pero eso es irracional, si hay algo debe poder verse. Tal vez mis ojos o mi mirada no son los más adecuados para ver esto. Tal vez algo sobre el horizonte lo tapa, un velo oscuro que asemeja la nada. Tal vez yo mismo no quiero ver, o inconscientemente sé que no debo.

De pronto la paz se acaba, el entorno se agita, tiembla todo pero rítmica y pausadamente. Cada vez se hace más dificultoso estar de pie sin saber lo que se viene. El movimiento mantiene su ritmo pero aumenta su frecuencia e intensidad. Miro en un intertanto para ver esa cosa que destruye mi hábitat. Luego, en un instante en la nada llamada horizonte veo luz. Aparece gradualmente, pero es luz. Creo que está todo listo, llegó la hora de nacer. . . .

Etiquetas:

domingo, 15 de julio de 2012

Olvidé vivir

En mi lecho de muerte, a punta de analgésicos y calmantes, veo el desfile de mi familia en una verdadera caravana de despedida. Hijos, nietos, bisnietos y todas sus familias acuden a expresarme un cariño sincero, del alma, por la formación, el cariño, la entrega, los consejos, la compañía, inclusive el apoyo económico... siento en ellos pena por saber que partiré luego, pero satisfacción por haber compartido su vida conmigo.
Luego que los pequeños y los revoltosos salen, y quedan sólo mis hijos mayores, tengo tiempo de pensar, de analizar mi historia. Modestamente creo haber hecho todo bien, siguiendo todas las pautas que guían a la sociedad civilizada.

Aún recuerdo cuando niño, cuando tuve la posibilidad de estudiar pintura... ¿qué hubiera sido de mí si mis padres no dijeran que no se puede vivir del arte?; sus sabios consejos me alejaron de esa locura...
Luego, cuando iba a entrar a la universidad, nuevamente me pica el bichito de la pintura... sabio mi padre que me enseñó las diferencias entre un abogado y un pintor...
Más tarde, formar familia: yo el iluso fijándome en una licenciada en arte... ahora evoco tu imagen, madre mía, cuando alejaste esa mujer de mí y me presentaste la hija del senador.
Pasan los años, llega nuestro primer hijo, en una gran bonanza económica. Me siento algo limitado por mi entorno, y quiero por fin intentar pintar, abrir un taller o algo parecido: gracias a ti, mi amor, en vez de malgastar nuestro dinero en artículos artísticos, invertí en esas acciones de nuestra primera empresa...

Siento acercarse el momento, cada vez me cuesta más respirar, veo la cara angustiada de mi familia. Alguien sopla en mi boca y aprieta mi pecho, o eso parece...

Paz, sólo paz siento. Bajo mí, mi familia rodea mi cuerpo, llorando sobre él, algunos sobreactuados, otros de corazón, y me alejo...

Cada vez la sensación es mejor, sin analgesia y sin dolor. De pronto alguien se acerca a mí. Su presencia sobrecoge. Su mirada no es dulce ni acogedora, sino más bien una mezcla de enojo y tristeza; no me atrevo a abrir la boca para preguntar, pero no es necesario: comprendo dolorosamente todo cuando toma mi mano y coloca en ella un pincel...

Etiquetas:

jueves, 12 de julio de 2012

Operario

El viejo operario estaba enrabiado. Hacía unas pocas horas había llegado un trabajador nuevo para hacer su mismo trabajo en otra de las máquinas, y desde su aparición se había convertido en el centro del interés y la atención de todos. Claro, como él llevaba ya 29 años en el lugar era casi una máquina más, que todos pasaban por alto por la fuerza de la costumbre. Él era un hombre solo, falto de cariño, con una familia que había formado por accidente cuando le salió un hijo y que lo tenía sólo como sostén económico. Por eso es que había tomado su trabajo como su verdadera familia, y por ello era la rabia que sentía al saberse desplazado.


El joven operario estaba enrabiado. Desde que había llegado a ese maldito lugar, donde tendría que trabajar para mantener al hijo de la mujer con que se acostó ebrio y no se cuidó esa borrosa noche, había sido atosigado y mirado como animal de circo. Había tenido que abandonar sus estudios para empezar a sostener a su familia por descuido, dejando de lado sus sueños e ilusiones. Al parecer la industria era una fábrica de monotonía y fracaso: sino, no se explicaba el porqué de tanto interés por un recién llegado.


El viejo operario miraba al joven: parecía ahogado entre tanto abrazo y saludo falso, tal y como él se sintió al llegar a la industria. Parecía verse en un espejo, 30 años atrás…


El joven operario miraba al viejo: temía estar mirando su futuro, pero pensaba que definitivamente sería así. Parecía verse así 30 años adelante…


De pronto y por un impulso invisible, ambos hombres se acercaron en silencio y se dieron la mano. En ese momento sus almas se intercambiaron: la joven alma en el viejo cuerpo supo que ya no sería acosado y podría terminar sus días lejos de todo y de todos, con una jubilación que haría el trabajo por él. La vieja alma en el joven cuerpo volvió a sentirse el centro de la atención de todos y se dispuso a encarar un nuevo destino, acaso distinto al anterior…

Etiquetas:

martes, 10 de julio de 2012

Omega

En un lejano punto del universo que hay en la mente, nace una idea. En el silencio y la oscuridad de las neuronas que sinapsan, en la malla ilimitada de axones y dendritas, dicha idea toma forma física: redonda. De idea informe torna a realidad redonda, de proceso pasado a resultado, de creación a creatura. Y en su naturaleza dicha obra redonda toma una tercera dimensión pasando a esfera. Una esférica idea en la maraña electroquímica que gobierna todo lo que pasa y dejar pasar en el cuerpo.


Y en dicha esfera se genera un caos interno. Y a su nivel dicho caos resulta en orden interno, generándose cientos de millones de micrométricas esferas dentro de la esfera que nació como idea.


Y en cada microesfera un caos propio se genera que tiende al orden. Su interior (cada interior) se ordena con mayor velocidad, generando masa (impropia de la idea pero esperable en cada microparte). Sus superficies permanecen en caos, algo menor que en un principio. Al rato, la calma llega al caos.


Y como parte de su naturaleza, cada microesfera de la gran idea esférica, empieza a poblarse de diminutas entidades, que velozmente evolucionan, mutan, crecen y se distribuyen en sus superficies. Todos son distintos entre ellos, y en cada microesfera las condiciones particulares llevan a particulares resultados. Pasa el indeterminado tiempo, y dichos seres, según su microesfera y su particular conformación, empiezan a tener conflictos y necesidades, que a distinta velocidad son capaces de corregir o solucionar. Y cada vez con mayor velocidad (y a cada velocidad) son capaces de solucionar sus problemas.


Y así, miles de billones de microseres nacen, viven y mueren, construyen y destruyen, avanzan y retroceden. Y cada uno de sus mundos avanza independiente, muchos sin saber que los otros existen, algunos con la sospecha, los menos con certeza. Y poco a poco cada planeta empieza a tener historia, y aprenden a usarla para evolucionar o involucionar.


De pronto el pensador se distrae, y la esférica idea que gestaba desaparece de su cabeza, y se concentra en otra. En ese instante, todo lo que conocemos como realidad desaparece, con nosotros inclusive. Llegó la hora de fundirnos en la mente universal de nuestro Hacedor...

Etiquetas: